I want people to know that things need to change. That you can make films differently. I’m- commercial filmmaker, I’m a patriot, I hide in trees.
Harmony Korine
Y con este desafortunado vídeo (de cuya existencia estoy profundamente agradecido), me adentro en este ciclo del universo autoral de Korine de la manera más harmonykorinesca posible: No por la puerta grande, sino por el callejón de atrás, pisando charcos de pis.
Esta proyección del corto servía de acompañamiento para el estreno de Spring Breakers en el South by Southwest Festival de 2013. Allí, Harmony ofreció un poco de contexto:
I made it when I was 15. I wasn’t a particularly good student and it was a time when teachers were allowed to beat their students. I wrote a short story and the teacher held up my story and said: “This is a great example of a short story”. And she asked what I wanted to do when I grow up, and I said: “I want to make movies”. She asked if I could make it into a movie and I said sure.
Resulta de lo más intrigante observar este artefacto de la creatividad del adolescente Korine, ya que la semilla de su obra está presente de manera más lúcida de lo que uno esperaría, no solo de la ópera prima de cualquier amateur, sino de la mente de cualquier quinceañero.
Harmony Korine nació en una comuna hippie en California en 1973, pero se mudó con su familia a Nashville en el ‘75, donde creció. Para hablar de este germen de Harmony, me referiré a él como Harmful, basándome en lo que explicó a Letterman en su (ya icónica) entrevista promocionando Kids (siete años más tarde de este corto):
My dad used to be a tap dancer, yeah, he was pretty famous, he called me Harmony. When I was younger, I changed it to Harmful, because I thought it would be tough, because… I used to fight a lot when I was little. I was not very good.
Quién sabe si realmente se proclamó con ese nombre, o si realmente era malo peleando (aunque, a decir verdad, esto último no me parece del todo increíble, supongo que tendremos que esperar al estreno o filtración de Fight Harm para ver la confirmación), porque si algo le encanta al joven Harmful es el engaño y jugar con la confusión alrededor de su discurso. Su padre no era un famoso bailarín de claqué, aunque creo que sí tuvo vínculos con ese mundo, al igual que el mismo Harmful (tema sobre el que espero explorar más cuando escriba sobre Curb Dancer y el polémico Korine Stop for a Minute). Sol Korine, su padre, fue un documentalista para PBS en los 70s y 80s.
Sol (una mitad del dúo creativo Korine-Dunlap) realizaba documentales sobre el deep south de Estados Unidos, filmando a personajes excéntricos, músicos callejeros y gente de ferias ambulantes. Véase Mouth Music (1981), donde recorren el sur explorando su música y los extraños individuos que la orbitan, presentado por Hamper McBee, cantante de baladas de Tennessee, y, definitivamente, extraño individuo.
Well, I don’t know a hell of a lot about television, but when these folks invited me to be the host on this TV series about southern music, I said, why sure. I sure like the music, and as long as they footin’ the bill, I said hell let’s get it on the road!
Con estas palabras McBee abre el documental (tras su rendición de Shady Grove), y resulta sorprendente cómo ya vemos presente en el ADN de Harmful el interés por espacios marginales, personajes atípicos y una cruda honestidad. Harmful acompañaba a su padre durante los rodajes.
En A Bundle a Minute, efectivamente, nos encontramos con esos aspectos en estado casi prístino. Un protagonista se enfrenta a un torbellino de desgracias a lo largo de 6 minutos. Según las (pocas) bases de datos que he podido encontrar sobre este corto, quien interpreta el papel principal es el mismo Sol Korine, pero a mí me cuesta creérmelo. Por mucho que rebusque, no consigo encontrar fotos del padre de Harmful y, sinceramente, no logro creer del todo que ese twink theater kid con la raya en el medio sea su padre y no un amigo del instituto. Pero vete tú a saber.
A pesar de haberla hecho con quince años, su sentido de la ironía se siente maduro, y extremadamente provocador. Me lleva inevitablemente a pensar en el artificial y confrontativo corto de 2016 de Ari Aster, C'est la vie, que también busca una estética de la destrucción. Monitoreado por las ansiedades freudianas del director, Aster lo aborda desde lo Unheimlich (lo ominoso, lo antihogareño), creando una distancia que se siente insegura comparada con la voz del –ya delirante a sus quince años– Harmful. En el caso del segundo, la repetición no es medida, es dispersa y sin pulir, pero funciona como una bala. Y es el tono (quizá el literal tono de voz de Harmony, quien narra el cortometraje) el que, dentro de su ingenuidad, nos presenta un golpe tras otro. No desde lo Unheimlich, sino todo lo contrario: desde la naturalidad con la que hablas de tu casa, tu calle y tu día. Una sensibilidad que, al juntarse con humor grotesco y cruda experimentación en la estética e iconografía moderna de sus futuros trabajos, crea la chispa que separa a Korine de tantos otros directores morbosos. Este es el detalle que lleva a un servidor a obsesionarse y querer analizar con lupa toda su filmografía.
El sentido del humor del Harmony de trabajos futuros se palpa aquí, desde luego. Aunque, algo que me llamó la atención es cómo el recurso del voiceover y su delivery llevaba la silueta de la historia a gravitar hacia algo más woodyallenesco (en su era Take the money and Run), un aspecto que no vuelve a ver la luz en el resto de su carrera. Vemos los primeros cantos de la voz de Korine, apropiándose de la forma de Allen: desde el blanco y negro a la narración y presencia incómoda del protagonista. Crea un interesante choque entre un formato confesional inherentemente relacionado con la alta cultura neoyorquina, trasladándolo a la vida marginal de Nashville.
De hecho, se supone que (información sin confirmar, mi fuente es un post de reddit que, a su vez, no nombra su fuente) la versión vista en el South by Southwest es una sin música. Aparentemente el montaje final (el perdido) acompaña el voiceover con música jazz, haciendo más obvia la comparación con el infame neurótico.
Experimentar con la estética del pesimismo urbano y el tema de la inocencia perdida es uno de los bloques fundacionales de su identidad. Y una frase del protagonista en A Bundle a Minute parece anunciar a gritos, como heraldo en la obra de Korine, cómo y dónde encontrará su fuerza:
Most kids dream about going to college and becoming track stars, but not I. Nooo way. My greatest aspirations were crack addictions and schizophrenia. I wanted to experience the lowest steps of urban culture. I wanted to sing Barry Manilow songs to the police as they walk the beat and have them say:
Just another youth gone bad, just some angry punk, he’ll be dead in a year.
I just wanted to make sense of disaster. I’m the world’s most stupid genius.
La estructura de viñetas dispersas aparece de forma nítida, siendo un elemento narrativo que permeará toda su carrera, cada vez más estilizado e irreverente. Citando de nuevo la entrevista con Letterman, el Harmony del 95 expresaba: “And uhm… at least, when I watch movies, the only thing I really remember are characters in specific scenes, so I wanted to make movies that consisted entirely on that.”
Nunca fue distinto. Tal vez es algo integral de la visión de Harmony, o quizá viene de su familia, pero incluso antes de encontrar las herramientas para definir la transgresión estética sobre la que encontraría sus pies, podemos ver un clarísimo deseo de deconstrucción y un ansia de exploración.
En A Bundle a Minute el desgraciado protagonista termina topándose con un sabio vagabundo, y en la narración, Harmful declara:
He told me he knew life’s secret. I just told him he could keep it.
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