Una torpe genealogía sobre el tiempo dramático en el cine criminal estadounidense de los 90 (con alguna fuga al extranjero)
Una torpe genealogía sobre el tiempo dramático en el cine criminal estadounidense de los 90 (con alguna fuga al extranjero)
Escrito por
markel
el
En su día no sé a qué gurú de la cinefilia de Twitter le escuché decir que los noventa fueron la cumbre absoluta de la historia del cine. Son palabras que, por supuesto, no tengo el valor de robar ni de soltar en una cena con amigos, principalmente porque para afirmar algo con semejante nivel de convicción testosterónica hace falta una confianza ciega en el propio criterio que yo soy físicamente incapaz de fingir sin sufrir un amago de colon irritable. De todas formas, algo de razón tenía el sujeto. El cine norteamericano de los noventa —y por extensión, todo su ecosistema mediático— empezó a saquear con descaro ciertas técnicas literarias que la vanguardia anglosajona ya había masticado y escupido en los sesenta y setenta. [1] La jugada no iba tanto de qué te estaban contando (los gángsters seguían matando gente y los policías seguían siendo alcohólicos), sino de cómo te lo procesaban; es decir: el bendito tono y la sacrosanta forma. La sociedad estadounidense estaba mutan...
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