Los Domingos 11722

No, pero a ver, fíjate. O sea, suspende la incredulidad un segundo y mira fijamente.

¿En qué se supone que tengo que fijarme? ¿En el ruido? Es una simple canción de la época…

En eso. En esa refracción lumínica en el cuadrante inferior izquierdo. Ese reflejo sugiere una emulsión micro-gaseosa atrapada en el espectro.

No llevamos ni tres microsegundos de metraje digitalizado. Literalmente acabas de pulsar el interruptor neuronal.

Detén el holograma justo en este frame.

¿Te refieres al espécimen humano de rango sub-adulto que sujeta el receptáculo cilíndrico de polímero transparente de baja densidad?

No, no, el que está en un plano ligeramente más desenfocado. Dale para atrás. Activa el rebobinado de haz.

[...] 
¿Qué se supone que están…? ¿Es un simulacro de apareamiento o algún tipo de sacrificio ritual de baja intensidad?

Dada la parsimonia casi catatónica de sus extremidades, yo diría que estamos ante un rito de iniciación pre-colapso motivado por el tedio existencial. Pero mira el receptáculo. Hay una excrecencia purpúrea en el vértice superior. Fíjate bien en la aberración cromática.

¿Cuál es la tesis neuro-antropológica exacta que pretendes teorizar ahora?

Se trata de etanol de alta pureza química. En la Era del Carbono, debido a la precaria tolerancia de sus estómagos celulares y a unas técnicas de destilación por ebullición sumamente ineficientes, ingerían de forma voluntaria venenos del cuarenta por ciento de etanol para mitigar la consciencia de su propia finitud. Lo fascinante es que  su relación con el agente neurotóxico, a pesar de su insultante juventud, parece estar estandarizada.  No manifiestan ataxia clínica ni pérdida obvia del eje motriz.. Y fíjate en la banda roja, mira, mira el patrón. Es una precinta de contrabando estatal. Una marca física de sumisión empresarial diseñada para generar endorfinas de consumo.

Lo rojo... yo creo que es el tapón de plástico. El cierre hermético. Sin más.

No, no, no, estás cometiendo un error de bulto semiótico. Fíjate bien en la textura. Es una etiqueta de advertencia sanitaria de marco empresarial pre-sintética. Además, en esa era de capitalismo tardío e hipertrofia corporativa, estaban conformadas por láminas finas de filamentos petroglíficos, una sustancia asombrosamente vulnerable al desgaste por fricción, por lo que verlas intactas en un registro fósil es un milagro arqueoló..
.
Pues yo no estoy tan seguro, ¿eh? Siendo sinceros, yo veo una rosca.

¡Mira, yo así no puedo procesar datos, ¿eh?! ¡Es psicológicamente punitivo! ¡Si vamos a cuestionar los axiomas más básicos de la petroglifia molecular en el primer minuto del visionado, apago el generador de holograma y me vuelvo a mi cubículo!

¿Rebobino el haz o vas a seguir hiperventilando?

A ver... Rebobina el puto haz de luz.
[...] 
Ah. Pues sí.
Sí, sí, no cabe duda alguna.

Es un tapón.

Sí... Un tapón. De rosca estándar, además. Moldeado por inyección térmica barata.

Bueno, pero mi hipótesis macroestructural se sostiene perfectamente. Demuestra que las macro-corporaciones euroasiáticas de la época utilizaban moldes de inyección serial para condicionar la psique colectiva mediante estímulos visuales primarios. Tenían departamentos enteros de ingeniería hipnográfica y diseño de empaquetado destinados a que el consumidor asociara de forma inconsciente el color rojo con una especie de felicidad sináptica prefabricada. Todo perfectamente legal antes del Gran Juicio Climático de Nuuk.

Era el motor de su precaria economía de la atención, sí. Es espeluznante —y en cierto modo bastante triste— analizar el daño cognitivo subyacente a largo plazo. Vivían en un constante estado de saturada estupefacción azucarada mezclada con etanol para tolerar la alienación ambiental. ¿Cómo coño se denominaba este compuesto líquido en los textos de marketing de la época?

Koka. O Kola. Los registros de la base de datos bailan de forma errática en la seguna consonante.

Eso... Un disolvente industrial de uso recreativo que utilizaban para festejar ritualmente el fin de la semana laboral. Fascinante y desolador a partes iguales.

Sip... Una auténtica barbarie neuro-química
.
[...]

Fíjate en la cantidad absolutamente hipertrófica de queratina capilar no funcional que manifestaban los homínidos de la era del capitalismo tardío. Es un despropósito biológico y estético de proporciones casi criminales.

Y qué morfología craneal tan deprimente y vagamente acortada les otorgaba. Ese velo espeso de vello muerto flotando de forma estática justo sobre las cejas... Una maniobra evolutiva desesperada y puramente defensiva para ocultar la vergüenza anatómica de su lóbulo frontal.

Y mira... aplica el zoom digital ahí, detén el renderizado justo en el textil de la espécimen hembra sub-adulta. Es un polímero crudo de algodón de baja fidelidad. Lo lleva completamente desprovisto de sus anclajes de tensión mecánicos. Abierto de par en par.

¡Por los cielos, es verdad! Qué osadía anatómica tan perturbadora.

Esto, si descodificamos su rudimentario y bastante neurótico aparato semiótico, solo puede significar una cosa: una exhibición pública de vulnerabilidad afectiva cruda, muy propia de la psicopatología de masas de la época. Al dejar el esternón y la caja torácica totalmente expuestos a las corrientes de nitrógeno ambiental, la hembra le está comunicando de forma subliminal a su interés romántico  a alguien: "Mira, mis órganos vitales están desprotegidos ante la inminente toxicidad de tu comportamiento afectivo". Es el equivalente estacional exacto al cabello liso y largo, algo así como un indicador somático de sumisión psicológica y disponibilidad neurótica.

Es una lectura hermenéutica absolutamente brillante... Aunque espero, por el bien de la coherencia interna del registro, que no sea por esa vieja.

Podría tratarse, tal vez, de un estado de celo de más de un mes de duración. O algo así como un indicador social de estatus defensivo.

Tiene toda la lógica del mundo, porque no puede ser bajo ningún concepto que esté enamorada de esa vieja, que, entre tú y yo, es un espécimen bastante feo.

Muy fea.

Fea, fea. De una asimetría facial casi delictiva.

Mira, si te fijas, el sistema de cierre físico de la prenda es de un arcaísmo que roza lo masoquista... Si aplicas el filtro de densidad molecular en el eje longitudinal del textil, verás que utilizaban un mecanismo de micro-dientes entrelazados por presión.

No me fastidies. ¿Una “cremallera”?

Exacto. Básicamente, atrapaban el viento contra sus propios pechos mediante la fricción manual de metales pesados no biocompatibles...

Y hablando de apareamientos... ¿Tú en qué piensas mientras te masturbas?
...
...

¿Qué?

Es que, verás, estoy un poco... ¿preocupado?, porque últimamente mientras ejecuto el autoplacer solo me imagino...

¿Podemos, por favor, seguir con el análisis del resto arqueológico? Nos quedan seis horas de turno.

Solo me imagino tetas.
¿Tetas?

Tetas. Pechos. Senos de mujer.

¿Pero cómo "tetas"?
Tetas. Sin más.

¿Pero tetas en abstracto, flotando en el vacío intergaláctico? O sea, ¿ves el resto del cuerpo, la cara, la individualidad civil del espécimen, o...?

Tetas, simplemente. Dos glándulas mamarias suspendidas en la nada cuántica.

...

¿Esto es raro? ¿Estoy despersonalizando el cuerpo de la mujer o algo a nivel psíquico?
 
No sé... Es una fijación anatómica bastante reduccionista.

¿Y tú en qué piensas?
[...]

¿Y qué naturaleza exacta de vehículo civil se supone que es esta mole? He avistado registros históricos de cápsulas individuales de cuatro plazas en los inventarios del subsector, pero este artefacto pre-colapso debe albergar al menos cuarenta cavidades de habitabilidad. Es un coloso del asfalto absolutamente desproporcionado. Dime ¿cuántos androides tractores estimas que hay delante tirando de la estructura? Porque si calculamos según los archivos etnográficos de la Universidad de Jezero, la media de tracción automatizada era de un robot sinto-equino por cada dos ocupantes registrados, lo que nos da la cifra de una jauría de veinte robots corriendo delante del artefacto, por lo menos. ¡Por los ancestros, imagina por un segundo la cantidad de energía termonuclear residual y el calor disipado que semejante aparato debía generar en su avance! Lo que nos aporta pistas inequívocas sobre el altísimo estatus socioeconómico de los pasajeros. Se debe de tratar, sin la menor duda, de la cúspide de la aristocracia del siglo veintiuno. 

Desde luego. Ese desperdicio termodinámico masivo no se lo podía permitir cualquiera en la Era del Carbono; eran literalmente los reyes del mundo, los dueños de la energía. Sin embargo... observa con atención el espectro de fondo del fotograma. El entorno urbanístico adyacente parece de corte popular, precario, casi plebeyo, y la calzada es insultantemente estrecha para un desfile oligárquico. Lo que podría indicarnos que, tal vez, nuestro cálculo de tracción sinto-equina ha sido sobreestimado a nivel académico durante estos milenios y para el año 2025 la tasa de disipación debía estar optimizada en una relación de un robot por cada tres aristócratas, por lo menos, obligando al coloso a avanzar de forma muy lenta. Pero claro, eso sería todavía más exigente para la máquina. A ver, abre un segundo el módulo físico en la consola. Supongamos una masa estándar para el chasis de unos doce mil kilogramos, más la masa biológica acumulada de la aristocracia a bordo, lo que nos da unos quince mil kilogramos en total.

Correcto, e indexando el movimiento según el fotograma, vemos que se desplaza por esa vía urbana a unos cincuenta kilómetros por hora, es decir, unos trece coma ocho metros por segundo, lo que si aplicamos la mecánica clásica para la energía cinética nos da algo así como uno coma cuarenta y tres por diez a la seis julios. Una nimiedad en términos cinéticos absolutos. El problema real, el verdadero quebradero de cabeza termodinámico debe ser el coeficiente de fricción que ejercen los veinte robots contra el suelo asfaltado, si cada androide tractor ejercía una fuerza de tracción continua para vencer la resistencia aerodinámica en un fluido tan denso como era la atmósfera del 2025...

¡Por supuesto! El rozamiento estático de las extremidades de cromo-titanio de los robots contra el betún asfáltico. Si estimamos un coeficiente de fricción estándar de cero coma seis, la disipación térmica por efecto Joule en cada zancada robótica resulta masiva. Si la fuerza de fricción de las veinte unidades mecánicas superaba los noventa mil Newtons, el calor transferido a la calzada por metro lineal habría alcanzado temperaturas de arco voltaico de más de mil ochocientos grados centígrados. A esa temperatura, el punto de fusión del ladrillo arcilloso de las casas de los nativos se habría superado en los primeros tres segundos de trayecto y las fachadas se habrían convertido en magma líquido, ¡y ni hablemos del asfalto, que sería un río de alquitrán hirviendo! Por lo tanto, queda matemáticamente demostrado que los robots tractores no utilizaban propulsión por fricción podal.

Exacto... ¿Estás teniendo exactamente el mismo pensamiento científico que estoy teniendo yo en este preciso instante?

Flotaban.

Flotaban.

Sin la menor duda, flotaban.

Es que flotaban. ¿Cómo es posible que absolutamente nadie en el Ministerio de Arqueología, Sección Terrestre, Subsección Vehículos Pesados, haya caído en que flotaban? Quiero decir, es obvio que flotaban. Cambia nuestra percepción del pasado de forma radical, estructural y absoluta. ¿Quién fue el subnormal al que se le ocurrió la ridícula teoría oficial de la tracción de tierra? ¿Eh? ¿A quién?

A los de la Subsección de Hisoriografia de la Tracción Mecánica, seguro. Menuda panda de incompetentes. La antropología institucional está cada vez peor. Es alarmante lo mal que está. Peor que el año pasado, y el año pasado ya estaba peor que el anterior. Imagínate.

Ya, bueno, pero ¿qué pongo exactamente en el informe técnico oficial que tenemos que indexar obligatoriamente antes de que acabe el turno? ¿Pongo que flotaban?

Naturalmente que pones que flotaban. Ya hemos quedado en que flotaban.

Sí, pero ¿cómo flotaban? ¿Bajo qué principio físico flotaban?

¿Cómo que cómo? Pues flotando. Flotando hacia arriba, despegados del suelo. No flotando hacia abajo, eso sería hundirse. Flotando.

Ya, pero el Ministerio exige un mecanismo. ¿Flotaban con imanes?

Por ejemplo. Sí. Imanes, imanes... lo que sea. Imanes. No te compliques la existencia con los detalles, hombre. Pon imanes.

¿Imanes en plural?

Imanes en plural, sí. Varios imanes. Muchos imanes.

...

...

A ver qué te parece la redacción de la cláusula reglamentaria número cuatro: "Los veinte robots flotaban mediante imanes y superconductores a muy alta temperatura, lo que generaba un campo magnético de al menos tres Teslas de potencia inductiva". Y hala, ahí se queda. Que lo lean si quieren. Este descubrimiento metódico, puramente clínico y basado en imanes de la tecnología del pasado nos va a valer el Globo de Oro.

[...]

Me va a costar bastante seguir con el análisis del metraje después de esto... De verdad te lo digo.

¿Pero lo has probado al menos?

¡Pero que no voy a coger mi propio pie y...! ¿Pero por qué hay que probar las cosas para que te exciten? ¿Tú qué pasa, tienes que comerte una teta antes de masturbarte pensando en una teta?

Vete a la mierda.

O sea, es raro de cojones... O sea, soy tu amigo y te lo digo...  en confianza. Lo mío eran glándulas en el vacío, pero esto...

Pero, es, es el acto lo que luego al recordarlo... Es decir... Es el... Mira, déjalo.

...

...

O sea, que quede claro que lo que me fascina a mí a nivel neuro-sináptico es el nivel de detalle de la proyección. ¿Por qué tiene que ser precisamente rojo el colchón?

No sé, sale de mí. Tengo ya la historia mental perfectamente formada en mi cabeza, ¿sabes? Y nunca sé muy bien por qué pasan los acontecimientos porque jamás llego al segundo punto de giro del segundo acto. Porque normalmente ya eh... ya sabes. Es casi como si me excitara la propia idea de que sé que me voy a excitar porque sé que mi propia memoria RAM cerebral ha generado detalles de alta definición, ¿entiendes? Cada revisionado hay algo nuevo en lo que fijares aunque la historia sea la misma.

...

¿Lo pillas? Es como... la narrativa perfecta para mí... Estando a solas en el cubículo, tal... Tras años de Turno de Noche...

Ya, ya... Lo pillo, lo pillo perfectamente...

...

...
    
¿Y cómo son las tetas?

¿Cómo?

Digo... cómo son. ¿Cómo te las imaginas? ¿Siempre te imaginas las mismas tetas o cambian? ¿Y tú las tocas o algo o simplenete te excita que floten por ahí?

[...]

¿Cómo? ¿Y esto? ¿Un vehículo moviéndose de forma autónoma? ¿Un artefacto autopropulsado desprovisto de robots sinto-equinos en vanguardia tirando del chasis?

Debe tratarse, sin la menor duda metodológica, de un error de renderizado.

Naturalmente. Es un error. Debemos de estar, forzosamente, ante una ficción de corte puramente especulativo. Esta película tiene problemas severos, crónicos e imperdonables de continuidad, raccord y coherencia interna.

¿Entonces esto es una ficción?

Es una ficción.

¿Una ficción dentro de una ficción?

¿Cómo que una ficción dentro de una ficción? Es una ficción. Que dentro de la ficción haya más ficciones subyacentes... Pues no lo sabemos. El Ministerio no ha catalogado ese supuesto.

Pero la realidad ficcionada ya es una ficción en sí misma. Por ende, toda ficción inducida que acontezca dentro de esa ficción ya dada, no deja de ser, intrínsecamente, una ficción al cuadrado. Una metaficción.

Pero si la ficción ya dada se toma como una realidad fáctica dentro de ese marco específico de la ficción ya dada, es, a efectos analíticos, simplemente una ficción. Una sola.

No, no, no, porque esa realidad interna sigue siendo una ficción flagrante fuera del marco contenedor de la propia ficción.

Pero esa realidad que sigue siendo una ficción fuera del marco de la ficción puede perfectamente crear una ficción en la realidad, aunque sea operativamente real en el mundo ficticio que contiene la ficción original.

Pero el mundo ficticio en el mundo real es un mundo ficticio por mucho que el mundo ficticio se trate internamente como una realidad ficcionada dentro de la ficción de la realidad.

Pero... 

[...]

Entonces eso es lo que tenemos en común.

¿De qué coño hablas?

De tetas. Las tetas. Es lo que tenemos en común... Te las imaginas en tu historia del colchón casi igualitas a como me las imagino yo en mi vacío cuántico.

¿Cómo que como te las imaginas tú? Son tetas... No tienen copyright. Son una configuración estándar.

Pues que tú te las imaginas exactamente como yo a nivel de detalle... O sea, lo verdaderamente curioso aquí no es que sean tetas también... Lo curioso es... O sea, piénsalo: masturbarse es un momento íntimo, hermético y profundamente narcisista donde el único vehículo del autoplacer eres tú mismo. Un circuito cerrado. Y que dentro de ese circuito cerrado e individual hayamos encontrado de pronto un denominador común... Pues eso... Es casi conmovedor.
...

...

Así que tetas...

...

...

Tetas… 


[...]

Una ficción. 
Sí.

A secas.

Pues parece ser que sí, que es una ficción, porque si no es una ficción, carece de todo sentido empírico que no aparezcan los robots tractores.

Desde luego. No tiene sentido que no aparezcan los robots.

Es un sinsentido por parte de la obra.

Un absoluto sinsentido.

Un flagrante sinsentido.

Lo que denota cierta dejadez endémica en la época por imprimir un realismo a las ficciones. Una flagrante dejadez ficcional.

Mira.

¿Qué?

¿Qué ha sido eso?

¿El qué?

Se han movido dos cosas. Dos filamentos negros oscilando de forma transversal por el vidrio del parabrisas.

Hostia. Se han movido.

Sí. Se han movido.

No me mires a mí, yo no tengo ni la más remota, vaga o periférica idea de qué es eso.

Tendremos que usar el protocolo de extracción de la máquina de identificación automatizada de gadgets móviles.

¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

¿Pero qué te pasa?

...


¿Qué ha sido ese grito de pánico clerical?

Perdón... No sé qué me ha sucedido a nivel neuronal. Un espasmo diafragmático involuntario.

¿Estás bien? ¿Físicamente bien?

Sí, sí. Perfectamente bien. Bien.

...

...

¿Es por... la película o...? ¿Quieres que procedamos a realizar un descanso de diez minutos en los cubículos de descompresión o...?

Y la máquina... ¿Por qué no vas tú a traer la máquina de los gadgets? Está al fondo del pasillo, a mano derecha.

Para retirar la máquina del armario de seguridad hay que tramitar por triplicado el formulario de retirada e indexar una llamada holográfica al jefe de sector de guardia para que autorice el código alfanumérico de encendido.

Pues llama. Va. Llama al jefe de sector.

¿Cómo? ¿Yo? ¿Llamar yo?

Sí, tú. Va. Llama.

¿Yo llamar al jefe de sector a las tres de la mañana para el código alfanumérico?

Sí. Tú.

No.

Llama.

Que no. Mira, yo creo que esto del parabrisas no es un gadget móvil no identificado. Yo creo que es simplemente que les están disparando desde el espectro de fondo de la calzada. Son ráfagas de proyectiles balísticos primitivos, y eso de la ventana es un gadget militar de dispersión cinética para parar las balas. Es un escudo antibalas.

No te lo crees ni tú. Trae la puñetera máquina.

[...]

No estoy entendiendo, por otro lado, si esto es efectivamente una ficción... ¿de qué coño va esto? ¿Quiénes son los buenos y quiénes son los malos?

¿Pero por qué tiene que haber forzosamente buenos y malos?

¿Porque es una ficción?

Una ficción no implica de manera unívoca una dicotomía dialéctico-moral en los arquetipos representados.

Ya, pero es que esto es del año 2025.

Ah, bueno.

Claro.

...

Lo pillas, ¿no?

Sí, Sí...

En esa época, claro... Tendrían las técnicas narrativas sustancialmente menos depuradas que ahora. Donde ni siquiera hace falta un argumento lineal o estable para consagrar una ficción.

Cansa un poco eso también, ¿no? ¿No te da la sensación de que ahora los cineastas hacen películas solo para que las vean otros cineastas? Que solo hacen películas con mensajes importantes y raras. Coñazos existenciales.

...

...

Sí, bueno... Es un poco como tu fantasía de las tetas, ¿no? Al final a ti te gustan las tetas y como que las...

Esto no tiene absolutamente nada que ver.

Bueno, a ver... Era una analogía analítica.

Nada que ver. En absoluto.

Bueno, pero como me habias dicho antes que te molaban...

No pasa nada, te has ido. Te has desviado del eje del debate.

Las tetas, digo. Que te molaban.

Sí, sí, te he entendido perfectamente.

Tampoco me has dejado acabar, o sea, había un punto estructural al final de todo que no tenía nada que ver con las tetas, o sea...

Bueno, no hace ninguna falta seguir por ahí. Déjalo.

...

¿Tú quién crees que son los malos entonces?

A ver, analizando el metraje, es obvio que la mala es la protagonista.

¿Pero cómo va a ser la protagonista la mala de la ficción?

Bueno, igual estaba ingresando en una institución... ¿No ves que la están intentando internar en una especie de centro penitenciario o de reclusión de alta seguridad?

Ah, bueno.

Claro...

Sí, ahora que lo dices... tiene un sesgo criminal periférico.

Además, fíjate en su micro-expresividad facial, parece todo el rato que se está arrepintiendo de un delito grave. De un homicidio, por lo menos.

Ostras. Espérate. A ver si esta película va a ser muchísimo más revolucionaria de lo que nos pensamos en el Ministerio.

A nivel dramático, claro... Porque luego tiene detalles de producción como lo de los robots invisibles que son históricamente inexactos y descuidados.

Claro, claro. Un anacronismo flagrante.

Además, si te fijas en el espectro periférico del renderizado, tiene como un simbolismo iconográfico sumamente extraño... Esa imagen de un tipo ahí, degollado en segundo plano, con el cuello totalmente seccionado y atado a un palo .

Es verdad... Ostras. Eso ocurre dentro de la propia institución penitenciaria de reclusión, ¿no?

Exacto, lo cual es un indicador social bastante turbio. Muy sórdido.

Y lo presencian niños. Hay especímenes humanos en rango sub-adulto mirando directamente el cadáver.

Claro, o sea... Piénsalo estructuralmente, la narrativa cinematográfica de la Era del Carbono está juzgando, procesando y condenando penalmente a una niña en tiempo real mediante imágenes de violencia explícita.

Esto... Esto es verdad que es estructuralmente turbio. Muy deprimente.

[...]

Pues sí... Según los parámetros de la máquina de identificación automatizada de gadgets, esos filamentos negros del parabrisas son, efectivamente, dispositivos antibalas.
 
Pues eso demuestra, de forma empírica e incontestable, que se trata de una obra cinematográfica de corte claramente criminal. Un thriller de acción y mafias.

Además, da una señal inequívoca de que el crimen en esa época era un acto puramente social, de naturaleza colectiva, y no una anomalía patológica individual. Si te fijas bien en la estructura de los frames, en casi todas las escenas del crimen hay más de un personaje implicado. Es una conspiración.

Exacto. No hay soledad ni introspección en el acto delictivo; está todo apoyado y vertebrado por la propia red familiar de la protagonista criminal. La familia es el sindicato del crimen. Y si te fijas en el segundo acto, es luego la institución penitenciaria la que desafía y desmantela a la familia de mafiosos.

Es una observación hermenéutica sumamente interesante, Pero ¿no te resulta del todo sospechoso que nos muestren todas esas escenas de corte popular y costumbrista, pero no muestren explícitamente el crimen de sangre cometido por la red familiar?

Es cuanto menos presuntuoso.

Muy presuntuoso.

Una soberbia formal insoportable por parte del director de la era del carbono. Ocultar el asesinato.

El ego de los artistas parece que no ha cambiado.


[...]

¿Pero por qué demonios has sacado el tema?

Creo que podemos dar por sentado que te masturbas de forma regular. Se masturban algo así como el noventa y ocho por ciento de los hombres. Está perfectamente documentado en los archivos estatales. La mayoría del dos por ciento restante es gente que no tiene brazos o está impedida de alguna manera. Así que podemos saltarnos las denegaciones formales. Yo me masturbo, tú te masturbas, mi tío abuelo se masturba. Es así. Todos lo hacemos, todos sabemos que lo hacemos y, sin embargo, nadie habla del asunto durante el almuerzo.

¿Pero por qué iba nadie a hablar de eso mientras come…?

Ya, bueno, pero el caso es que hemos descubierto, dentro de ese circuito cerrado del placer, al menos un denominador común.

Ya, pero esto es una experiencia límite, personal, aislada… y el mero hecho de ponerle voz la reduce a la palabra, a hablar de ella por rellenar el silencio… Es que tú haces eso, ¿lo ves? Lo reduces todo a una burda lista de la compra. Como con las tetas.

Pero tengo razón. Numéricamente tengo razón.

Ya, bueno, pero te puedes morir perfectamente de hambre en la cima de la montaña de la razón. Lo que yo digo es que es un sistema cerrado, y si es un sistema cerrado, el onanismo implícito del acto no puede ser juzgado mediante el uso de la lógica.

¿Pero tengo razón o no? No se habla del tema. Es un hecho.

Pero para hablar así… por hablar, desde el espíritu comparado de la paja ajena… Mejor no decir nada, ¿no?

...

...

Ya, bueno, pero nos pagan precisamente por decir cosas. Está en el contrato.

Bueno si…

...

Ya, pero igual es mejor a veces callarse la boca, ¿no? Hay cosas en este mundo a las que si les pones palabras, conflictos, dialéctica y buenos y malos... te las cargas por completo.

Supongo que sí.

Las tetas no son una de esas cosas.

Entonces... ¿crees que es un problema? ¿Que solo pienses en tetas? ¿Aisladas del espécimen? ¿Tetas abstractas flotando en la nada? ¿O el problema es mi arco de personaje?

[...]

Esta película de mafias es un completo coñazo de reproches.

Están todo el rato discutiendo los unos con los otros. Es agotador. La gente en el siglo veintiuno parece que se odiaba a muerte, no hay ni un minuto de descanso.

Es que es una organización criminal. Es obvio que esta gente no está para tonterías y que ninguno es trigo limpio. Mírales las caras. Tienen todos caras de delincuentes comunes.

Lo que no llego a comprender es por qué no aparece la niña. Si es ella la que ha cometido el asesinato, lo lógico, según los manuales de entretenimiento básico, es que salga en pantalla asesinando a alguien.

Ya... Es que en esa época no se atrevían a poner el dedo en la llaga. Les faltaba valentía institucional.

Exacto. Parece que les daba pánico formular la pregunta clave de todo este asunto.

¿Cuál es la pregunta clave?

Y yo qué sé. A mí qué me miras. Yo soy antropólogo.

...

...

¿Apagamos ya esto?



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