Carta de disculpa: Correspondencia con Donald Kaufman, co-guionista de ADAPTATION (2002)

 




Sestao, domingo 10 de mayo de 2026


Querido Donald,

Donald, no sé qué hacer. Donald, se supone que tenía que tener esto para hoy, en una versión mínimamente presentable, o al menos algo que no diera ganas de vomitar nada más leer el primer párrafo, pero te escribo con urgencia para que me guíes porque mi cabeza es un cuarto lleno de humo y no encuentro la salida. He estado procrastinando últimamente mucho, Donald. Pero no como la gente normal. La gente normal es envidiable, Donald. Ellos hacen cosas guays, ven series, salen a que les dé el aire para dejar para el último momento la tarea. Son gente que tiene placeres culpables. Yo no experimento placer cuando procrastino. Yo me quedo sentado mirando el cursor parpadear como si fuera una condena a muerte. No he hecho nada. Mi procrastinación es paralizante y culposa y obsesiva y nada relatable y oscura y nada sana y hace que sea todavía más difícil salir de los bajones dopamínicos en los que me meto como si fueran arenas movedizas de las que no quiero salir para poder seguir quejándome de que estoy atrapado.

No quiero poner excusas, Donald. Odio a la gente que pone excusas, es una forma asquerosa de narcisismo, pero me aterra que tú pienses que esto no me importa. Necesito que tú sientas que yo siento que soy ya un desastre para que no pienses que yo lo pienso y me esté aprovechando de ti, robándote tu tiempo, ese tiempo que inviertes de forma solidaria y nada desinteresada en una persona increíblemente egocéntrica que solo sabe hablar de lo mucho que le cuesta hablar.

Donald, por eso necesito escribir un artículo mínimamente normal que atraiga el interés de la gente. Quiero dejar de hablar de mí. Estoy harto de mi propia voz, de mi propio olor, de mis propias dudas. En esta revista se supone que hacemos reviews de películas, ¿no? Eso es lo que la gente lee. La película es el objeto, la película es lo importante, es mucho más interesante que cualquier mierda que me haya pasado a mí o este nudo que tengo en el estómago. Sé que esta maraña de procesos reproductivos que llamamos periodismo es una mierda, que centrarse en la economía de la atención es una mierda, que hacer exactamente lo mismo que los demás no debería ser una fuente de satisfacción artística real... lo sé, Donald, pero funciona. ¡Funciona! Es lo que la gente quiere y yo no sé dárselo porque me detesto demasiado para ser así de simple. Ayúdame.

Estoy perdido. ¿Qué es lo que la gente quiere oír? Estoy tan obsesionado con ellos que me pierdo en mí mismo, como un perro que se muerde la cola hasta sangrar. Donald, necesito saber qué trucos utilizas tú. ¿Cómo encaras una nueva película sin querer morir? ¿Cómo puedes soltar un chiste sabiendo que puede ser malo? Tu trabajo no es contar chistes, es hacer que la gente se ría, y eso es aterrador. Si mi validación depende de que ellos se rían o de que disfruten de los textos, el chiste deja de tener importancia, la mecánica se vuelve una tortura. No puedo permitirme el lujo de la vulnerabilidad real. Todo se diluye en un control obsesivo sobre la narrativa para que, si se ríen de un chiste malo, sea porque "yo sabía que era malo". Pero entonces, ¿qué soy? ¿Un humorista o un cínico con miedo al fracaso? Donald, no puedo con esta necesidad de control. ¿Por qué no puedo permitir que me vean como alguien que suelta malos chistes? ¿Como alguien cuyos textos no sirven para nada, uno más en la montaña de basura de Internet? ¿Cómo lo haces tú para ser original sin poseer a la audiencia, sin proyectarte en ellos como un parásito? ¿Cómo se tiene una relación sana con el vacío, Donald?

Por favor, contesta cuanto antes.

Gracias.


Sestao, domingo 10 de mayo de 2026


Hola de nuevo, Donald:

Gracias por tus consejos, Donald, en serio, gracias. Valoro mucho que te tomes la molestia de contestar a alguien que claramente está perdiendo los estribos por un artículo de mierda en una revista. Tienes razón, soy un dramático. Escribir sobre cine no es operar a corazón abierto, lo sé. Si escribo sobre pelis lo importante es la película. El objeto. La luz. El actor. Lo sé, Donald. Gracias también por lo de la estructura; ya sé que en el desenlace, en ese párrafo final donde se supone que tengo que escupir mis conclusiones, puedo "ser yo mismo". Que puedo expresar mis sentimientos sobre lo que he visto y que así mis sentimientos y la película se potenciarán mutuamente en una especie de clímax emocional perfecto. Ya sé que eso es "seguro". Es la redención del tercer acto. Pero es que siento que es un truco más, Donald. Un mecanismo barato. ¿Cómo puedes escribir algo sabiendo que estás usando una palanca para forzar una emoción? ¿Cómo puedes soltarte escribiendo sobre una estructura que no es más que una trampa para ratones donde el queso es mi supuesta "vulnerabilidad"?

Hay algo aterrador en ser consciente de esto. Porque sí, Donald, estoy de acuerdo: como personas que se expresan, tenemos el "deber" de infligir una emoción en el lector. Como el que cuenta un chiste. Da igual si es vergüenza, si se ríen de ti o si les haces gracia; al fin y al cabo, si haces el ridículo y sueltas chistes penosos, puedes hacer gracia. Eso ya lo sé. Pero el tema no es que se rían, Donald, el tema es el porqué. El tema son los mecanismos que usamos para ordenar este caos infecto que tenemos en la cabeza y que al fin y al cabo es la vida, despojándonos de ella para encajar en un molde.

Porque si yo hiciese un chiste sobre cómo ciertos humoristas hacen malos chistes para luego comentar lo malos que son y así hacer reír a la gente con mi "autocrítica", estoy siendo el más cínico de todos. Estoy siendo el peor de todos, Donald. ¿Lo entiendes? Usar la autoconciencia para controlar cómo me perciben no me libra de la culpa. El hecho de saber que lo que hago es un truco cínico no me hace menos culpable; me hace un criminal consciente. Me hace un manipulador que pide perdón mientras te roba la cartera. Me convierte en el peor de todos.

¿Cómo haces tú para implementar estructuras y no sentir que te estás alejando de lo real? ¿Cómo equilibras lo que quieres decir con la máquina que usas para decirlo? Porque yo puedo confesarte todo esto, Donald, puedo desnudarme ante la página y aun así noto que es insuficiente. Siento que todo lo que digo solo sirve para alejar a la gente de mí, para poner un muro de palabras entre mi yo real y ellos. Porque si me conociesen, si hablase de verdad, sin el escudo de ser un "mal humorista", si hablase de películas como alguien que no tiene, en el fondo, ni puta idea de lo que dice... si perdiese el miedo a no ser interesante, Donald, aparecería algo todavía más aterrador: darme cuenta de que mi vida es el chiste y no los chistes que cuento.

Tengo miedo de que se rían de mí, Donald. ¿Cómo puede alguien ser humorista, estar esclavizado por la risa del público y a la vez tener pánico a que se rían de él? ¿Cómo se sale de esta cárcel de espejos? ¿La clave es de verdad el tercer acto? ¿Es el único modo de redención? ¿Es el final el único modo de salvar algo que ya es insalvable debido a su propia naturaleza autoindulgente, pretenciosa y meta?

Dime cómo salir de aquí, Donald. Dime que hay una puerta que no sea otro truco narrativo. Por favor.



Sestao, domingo 10 de mayo de 2026


Hola Donald,

Donald, quería darte las gracias otra vez por tu paciencia. Quería disculparme de verdad contigo por todo lo que te he hecho pasar este tiempo. Creo que tengo que aprender más a confiar en la gente y no he confiado lo suficiente en ti, Donald. Por eso quiero que sepas que me disculpo seriamente. No sé si las disculpas valen de algo, no sé si las palabras pueden arreglar el daño que ellas mismas han causado, ni si para deshacer este embrollo tengo que seguir usando más palabras, pero de verdad: gracias.

No quiero seguir autoinfligiéndome daño solo para notar que me acerco a algo "real", o para luchar por decir algo con lo que la gente pueda empatizar. No quiero victimizarme, Donald, tú lo sabes, pero estoy cansado de mí y quiero salir de este bucle. Soy mi propia víctima y mi propio verdugo y por eso te pido perdón: por obligarte a mirar cómo un chico con la salud mental cada día más deteriorada se mete piedras en los bolsillos mientras se obsesiona con un charco del camino. Quisiera ser de esa gente que anda mirando al cielo, pero yo solo puedo mirar al suelo y te envidio por eso. Sé que ahora mi única manera de ver el cielo es mirar al charco que tengo delante; ahí se ve un poquito de ese cielo, pero también se ve mi horrible cara, Donald. Es lo único que tengo ahora. Pero tengo la oportunidad de elegir, por mucho que me dé miedo, y confiar en que ese mismo cielo bajo el que está todo el mundo sea parecido al reflejado en mi pequeño charquito. Mi humilde ventana al mundo.

Gracias por confiar en mí, Donald. Me has enseñado que tengo que confiar en mí un poquito para poder confiar en ti. Por eso te quería enseñar los avances. He hecho avances en el texto, Donald. ¿Quién diría que la absurda idea de que alguien confíe en ti puede quitarte tanto miedo, puede hacer menos pesado el autoengaño y convertir en algo absurdo todas estas técnicas de distanciamiento metanarrativas? He hecho lo que la gente quiere ver: una review de Adaptation. Me voy a centrar en la película. Voy a introducirla con datos de la Wikipedia, Donald, y luego la analizaré estilísticamente, diciendo apartado por apartado qué quería conseguir el director y si efectivamente lo consiguió. Ojalá lo consiga yo también. Y luego el cierre, mis impresiones, donde puedo ser yo de verdad y donde mi realidad y la de la película se entrelazan en una conexión triple con el lector. Gracias por hacerme ver que esa conexión es valiosa y que no puedo (ni debo) controlarla.

Te dejo el avance. Estoy emocionado y tenso por mostrarme como soy, Donald: un escritor mediocre y falso que copia datos de la Wikipedia y que le pregunta a la IA por sinónimos porque tiene un vocabulario pobre. Pero soy así. Gracias por quererme tal cual soy. Aquí va el avance:

Adaptation (en Hispanoamérica, El ladrón de orquídeas; en España, Adaptation. El ladrón de orquídeas) es una película de comedia dramática estadounidense de 2002 dirigida por Spike Jonze sobre un guion de Charlie Kaufman, basado a su vez en el libro homónimo escrito por Susan Orlean”.

Gracias por todo, Donald.

Con cariño,

Markel.

Entradas populares

La verdad de "La doncella" en sus gestos mínimos.

BATERÍA DE COSAS (10-12 de marzo): FESTIVAL DE MÁLAGA.

INVASIÓN TRAVESTI: ENTREVISTA A JERO DE LOS SANTOS

(Perfect (Blue) Velvet)

Plan Diabólico (1966), o cómo ser el cambio que deseamos ver en el mundo (III)

BATERÍA DE COSAS (13-15 de marzo): FESTIVAL DE MÁLAGA

I HIDE IN TREES #1: A BUNDLE A MINUTE.

Las bisagras literales y metafóricas en CHICAS JAPONESAS EN EL PUERTO (1933)