¡Superpringadxs! ¡¡Qué onda!! ¡Qué ilusión me hace encontrarme aquí, frente al teclado del portátil escribiendo estas palabras! La razón por la que estoy escribiendo esto viene por una serie de sucesos que como piezas de dominó se han ido chocando los unos contra los otros hasta que aquí me encontráis, sentada en el suelo con un portátil como única luz que me ilumina la cara, con Estopa de fondo y escribiendo aquí lo que viene a ser una introducción a una entrevista que no sé cómo ni porqué he terminado escribiendo, pero que de cualquier forma estoy feliz de escribir.
Por no comenzar por el principio absoluto de los tiempos, estableceremos el principio de esta línea temporal el día que Giovanni (co-fundadorx de esta célebre revista) me pasó el link para que me apuntara a jurat jove para el Festival Internacional de Cine de Valencia (Cinema Jove). Cosa que hice y que resultó en una semana llena de visionados de películas a horas extrañas que me impedían pasar por casa a horas decentes y que me obligaban a mendigar sitios donde dormir o pasar el rato para llegar a tiempo a los visionados (desde aquí agradezco a los amigxs que me acogisteis, gracias por ahorrarme horas de merodeo por la calurosa Valencia de junio).
Entre las nueve películas que formaban parte de la Selección Oficial del festival, teníamos I heard that they are not going to see each other anymore, dirigida por la encantadora Ka Ki Wong.
Dicha película, (como bien la bautizamos mis congéneres del jurat jove “la del título largo”, por razones evidentes) es una divertida, experimental y poética exploración de los rangos de ineptitud sentimental de los personajes.
Usando una fusión entre el lenguaje documental y el de la ficción, con un guión improvisado, Ka Ki Wong nos presenta a Tao y a Melih, que paralelamente se embarcan en romances eclécticos que no saben muy bien cómo gestionar.
Por un lado está Tao, que está prendada de Shin, qué es un chaval que todos los días come fideos en el mismo restaurante.
Tao llega a la desafortunada conclusión de que como no sabe cómo acercarse a su amado la forma más apropiada de dejar en él una marca es hacerle sentir un rango de emociones que sólo sentiría en el caso de que una mañana, en lugar de ir a desayunar, decidiera apuntarse a un campamento de deportes de riesgo.
Por otro lado, Melih, el dueño del restaurante de fideos que frecuenta el amado de Tao, se enamora de Ping, una mujer que a veces pasa por delante de su calle con una flor en mano y que bebe de una regadera (reina). Un día Ping, deja en manos de Melih la flor que transporta, y esto abruma a Melih sobremanera, puesto que ya no puede deshacerse de ella. Melih se embarca en un romance doble, con Ping y con la flor, que son a su vez una misma cosa.
Dos parejas que habitan el amor de formas casi opuestas. Melih aborda sus sentimientos desde la inacción, la pasividad y el miedo. Tao desde la impulsividad, la violencia y la pasión. Ninguno de los dos sabe qué hacer con todo el amor que guardan.
Así sus historias se entrelazan, mediante flores que observan, llamadas confesionales a teléfonos públicos y una Taipei que sirve como escenario onírico de un relato de humanidad y desamor.
Ka Ki Wong, muy amablemente nos ha concedido la oportunidad de hacerle unas preguntas sobre la película y sus entresijos! Desde aquí le agradecemos por sus palabras y estamos deseosos de volvernos a cruzar con su nombre en algún título nuevo.
AVISAMOS QUE: La siguiente entrevista fue traducida del inglés al español. Nos hemos esforzado por conservar el tono del autor/a, pero tengan en cuenta que no es el texto original.
SPXS: En la 41º edición de Cinema Jove, dijiste que para hacer I heard that they are not going to see each other anymore no utilizaste un guion, por lo que improvisasteis muchas de las escenas. ¿Es este tu método habitual de trabajo? ¿Qué encuentras de interesante en este proceso? ¿Hay algo que te resulte un reto de este método?
KW: Supongo que tiene mucho que ver con mi experiencia en el documental. Cuando hacía documentales, solía pensar mucho en cómo se diferencia de hacer una película de ficción, así que empecé a tratar a mis actores como si no lo fueran. Poco a poco, el método se fue ampliando a la forma en que me comunico con el resto del equipo, como el director de fotografía, el montador y también el productor. El objetivo es implantar la metodología de trabajo del documental en la de una película más «de ficción». Así que, por ejemplo, les decía que tal vez no supiéramos exactamente lo que íbamos a obtener, pero que siempre se les daría una dirección general, por lo que, muchas veces, en lugar de ejecutar lo que ya estaba escrito en el papel, se trataba más bien de reaccionar a la situación real o a la realidad construida. Lo que me interesa es la reacción, no la ejecución de un guion. Por supuesto, este método a veces puede ser arriesgado, pero esa es también la parte interesante. Si la gente ha podido hacer documentales sin saber exactamente qué va a obtener, uno también debería ser capaz de hacer lo mismo con actores formados. La duda debería ser la semilla de todo; creo que, más que la verdad, busco la honestidad de mis colaboradores. Y la confianza es la base de la honestidad.
Creo que la espontaneidad es la parte arriesgada, pero también la divertida. El reto siempre es conseguir la confianza de los colaboradores, pero una vez establecida, la verdad es que todo fluyó bastante bien. Aun así, creo que sigue siendo una metodología de trabajo en desarrollo sobre la que invito constantemente a mis colaboradores a dar su opinión, para que en mi próxima película esté más madura y sea más adecuada para que trabajen en ella, de modo que pueda sacar lo mejor de cada persona que sea lo suficientemente honesta como para aportar un poco de sí misma al trabajo.
SPXS: En tus obras siempre exploras las relaciones humanas desde una perspectiva onírica, casi surrealista. ¿Cómo abordas estas escenas con tus actores?
KW: Como he mencionado antes, tiene mucho que ver con la confianza. Al no tener un guion, gran parte se reduce a conversaciones previas o en el propio rodaje. Siempre les hago saber a mis actores qué quiero conseguir o qué es lo más importante de la escena, cómo piensa o se siente el personaje, pero nunca les digo exactamente qué va a decir; a veces incluso les pido que me sorprendan, como si fueran personas reales a las que se está filmando en un documental. Quiero que me den algo espontáneo a lo que reaccionar, tanto yo como mi director de fotografía, por lo que cualquier cambio repentino de movimiento o una reacción distinta también es algo que me gusta que hagan. Muchos de los elementos oníricos provienen de esa realidad construida. Me gusta situar a personas reales en un espacio construido o surrealista y ver cómo reaccionan. Es ese contraste entre ambos mundos lo que nos hace percibir esa sensación de surrealismo.
Supongo que para mí se parece bastante a un sueño. Muchas veces, en nuestros sueños, no sabemos realmente cómo empezaron ni cómo terminaron; es algo fragmentado, pero siempre hay una narrativa que fluye a través de él. Aunque esa narrativa pueda resultar un poco ilógica, cuando la llamamos ilógica es solo porque la estamos comparando con nuestra auto-denominada vida real lógica. Sin embargo, si no la comparamos con nada, los sueños son en realidad lógicos a su manera.
SPXS: En I heard that they are not going to see each other anymore exploras los sentimientos de los personajes a través del lenguaje del documental. ¿Qué te interesa de este formato? ¿Su uso estuvo planificado o surgió de forma espontánea durante el proceso?
Así que no fue una idea espontánea que se nos ocurriera a mitad del rodaje; siempre estuvo previsto que haríamos esta película como si fuera un documental. La única diferencia es que todas las personas son actores y pueden elegir ser ellos mismos, ser el personaje de ficción o ambas cosas. Es esa frontera difusa la que me interesa.