Superpringadxs publica el manifiesto de R.A.N.T

 

El pasado 8 de agosto a las 03:14 horas, la redacción de esta publicación recibió un correo electrónico codificado procedente de un remitente anónimo vinculado a la célula radical R.A.N.T. (Renegate All Not Things). En el mensaje, el grupo amenazaba de forma explícita con el secuestro de Markel, cofundador y miembro del consejo editorial de esta revista, en caso de no publicar íntegramente y sin modificaciones su manifiesto formal.

Tras una urgente deliberación con nuestro equipo jurídico y los servicios de seguridad pertinentes, la dirección ha determinado que la vía de menor riesgo para la integridad física de nuestro compañero es acceder a la difusión del texto.

Hacemos constar de manera categórica que esta revista, sus editores y su personal técnico no suscriben, comparten ni justifican en absoluto los postulados teóricos aquí vertidos, así como tampoco la coacción o la violencia como herramientas de debate estético. Cumplimos con este requerimiento bajo estricta reserva de nuestras acciones legales y por pura responsabilidad corporativa.

A continuación, se reproduce el texto original enviado por la organización.


RENEGATE ALL NOT THINGS:  REJECT ALL NARRATIVE TRADITIONS

El siglo XXI está en un declive tiránico de la estética. Todas las presunciones de vacíos de contenido que han catapultado una densidad inexorable de información en la red nos están pudriendo el alma, reduciendo a escombros nuestras mentes y desafiando el instante presente mediante mediaciones, ruidos, luces y sombras. Cada día se publica más contenido del que la humanidad entera llegó a generar en toda su historia hasta el siglo XIX. Todo ha sido despojado de su sentido primigenio. La sobrepoblación, sumada a la accesibilidad a la narración a través de la alfabetización y la escolarización sistemática, no ha hecho más que sobrecargar el imaginario colectivo hasta saturarlo.
El imaginario cultural absorbe todo lo que se crea y su figura se degrada en repeticiones inocuas, vacías y reiteradas que no significan más que la fórmula que las originó. Así, la reiteración de segundo orden —que da vida a ramas como la filosofía— ha sembrado la semilla de autodestrucción en el medio cinematográfico, teatral y literario; una semilla intrínseca al acto narrativo y a su consecuente repetición de patrones, arquetipos, símbolos y verdades. Valores que, al ser reproducidos masivamente, pierden todo sentido.
Visto así, el individuo se ve atrapado en una batidora exponencial de falsas cargas de contacto afectivo-simbólico. Todo el mundo lee más y consume más; un consumismo desmedido que ha atado la relación sujeto-objeto a la condición material del capitalismo. Un sistema que no se puede derrumbar sino con la misma semilla de su autodestrucción: el consumo. Ninguna narrativa que construya un sentido podrá jamás destruirlo, porque el sistema se alimenta de sí mismo al haber ontologizado el relato. Por lo tanto, la figura de la voz como arma ha quedado relegada a un segundo orden.
Pero lo material es finito. Y el mundo material tiene un límite.

REJECT ALL NARRATIVE TRADITIONS

Desde R.A.N.T. declaramos que abogamos por despojar al medio de su acto narrativo, mediante la eliminación inmediata de personajes, tramas, estructura y simbología que generen un sentido más allá del acto físico del propio soporte. Por ello, proclamamos la supremacía ontológica del soporte cinematográfico, entendido como un conjunto cerrado de emisiones fotónicas, grano fotosensible y parpadeo de obturador, y la adopción del montaje no-lineal como la única herramienta capaz de articular una apología estructuralista absoluta. Se trata, en última instancia, de forzar la colisión dialéctica del sentido contra su propia base material a través del jump-cut: un procedimiento de discontinuidad sintáctica que opera como una ruptura metaconstructiva. Al violentar el raccord y la ilusión de fluidez espacio-temporal que la industria del entretenimiento utiliza para anestesiar al sujeto, el jump-cut suspende la inmersión diegética, quiebra la identificación empática con el encuadre y confronta al espectador de forma brusca y desprovista de catarsis con la presencia física de la emulsión, la bidimensionalidad de la pantalla y la naturaleza estrictamente mediática del dispositivo.
Así, mediante la superproducción de imágenes —películas de cientos de horas vaciadas de significado simbólico—, encuadraremos el mundo sensible desde la autoconciencia del medio para influir sobre la realidad. Nos oponemos, además, a la mera reproducción de la realidad como elemento o intención estética; la realidad es una ontología a la que la propia representación pertenece. Para que esa presunción estética fuera perfecta, la representación tendría que representarse a sí misma al mismo tiempo que representa la realidad: la cámara tendría que grabarse a sí misma grabándose a sí misma, generando un bucle infinito (regressus ad infinitum). La única realidad que puede captar una cámara es la de su propio medio. La cámara no puede salirse del acto de grabar; por lo tanto, esta limitación funda y delimita el medio, siendo el medio el sentido último de su existencia y la única estructura que debe ser experimentada.
Exigimos, por tanto, la disolución inmediata e incondicional de todo aparato de producción narrativa en el globo. Otorgamos un plazo perentorio de setenta y dos horas para que estudios, editoriales, plataformas de streaming y estados procedan al cese de su industria y actividades dramáticas. Exigimos la erradicación total de los conceptos de «Director», «Guionista», «Actor» y «Productor», entendidos como vectores infecciosos de falsa empatía burguesa, sustituyéndolos por la figura del Operador Material, un técnico anónimo cuya única función sea encender el dispositivo y retirarse. Vencido dicho plazo, R.A.N.T. activará su brazo operativo para ejecutar actos de rectificación estética violenta.
Mediante la producción estructuralista, pretendemos ahogar al sistema en estructuras diamétricas infinitas que colapsen el espacio web y los servidores. Crearemos una sobrecarga de imágenes sobre imágenes infinitas, copias, bucles y estiramientos del medio tan masivos que no existan servidores capaces de contenerlos. La contención material no podrá con el medio, y el medio, si no tiene contención material, se autodestruirá. El verdadero arte por el arte: la autodestrucción. La única forma de edificar una era poscapitalista. Destruir el todo por la parte, haciendo que la parte lo absorba todo para delimitar y deshabilitar las nociones del regressus y el progressus, pues la contradicción ontológica es el fin: el fin en todos los sentidos posibles de su atribución de significado.
De este modo, R.A.N.T. no se postula como el único autor de la saturación, sino como su primer axioma demostrado, el teorema inicial que cualquier lector puede replicar sin nuestra intervención directa; condición consustancial a nuestra doctrina, puesto que un manifiesto que exigiera exclusividad autoral para su propio acto de destrucción del autor incurriría en la misma contradicción performativa que denunciamos en el cine narrativo. Por ello, incitamos a la acción: cualquier persona con acceso a una cámara, a un teléfono, a un servidor doméstico o a un simple bucle de renderizado queda investida, desde la publicación de este documento, de la condición de célula autónoma de R.A.N.T., sin necesidad de contacto, jerarquía ni reconocimiento posterior; basta con generar, replicar y verter al sistema una sola imagen desprovista de intención narrativa para que ese acto, por mínimo que sea, se sume a la serie y modifique de forma irreversible su suma total. No excluimos de esta investidura a la máquina. Es más, la reclamamos como su miembro más puro. Todo modelo generativo que produzca imagen o vídeo sin agente humano supervisando cada fotograma es ya, de facto, una célula de R.A.N.T.  en si misma operando a una escala que ningún cuerpo biológico podría, ya que no necesita creer en lo que produce para producirlo. La aceleración de su capacidad productiva es el mecanismo mismo de nuestra victoria. 

Alguien dijo una vez que la revolución no sería televisada.

La revolución es la imagen. La revolución es la imagen cruda. La revolución es el medio. La revolución es la negación del sistema mediante la afirmación demencial del medio. La revolución está en el medio que lleva inscrita su propia autodestrucción. La revolución es la imagen imposible, el archivo imposible que sature estructuralmente el sistema.

REJECT ALL NARRATIVE TRADITIONS.

R.A.N.T





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